Un alto en la ruta trashumante

"Paraíso perdido", "Valle misterioso", son algunos de los calificativos que se han utilizado para definir el Valle del Ambroz. El mejor general europeo de sus tiempos, el Duque de Alba, después de recorrer Europa y conocer muy bien toda España, fija su residencia en Abadía. Los Reyes Católicos Felipe II, Doña Blanca de Navarra, Lope de Vega, el Apóstol San Pablo, El Emperador Trajano, D. Rodrigo, Alfonso VIII, y tantos otros hombres ilustres eligieron algunos de los lugares maravillosos de este valle para descansar.

El Valle del Ambroz está formado por trece pueblos: se extiende desde el Monte Pinajarro hasta el Puente de Caparra, limitando al Sur por los Montes Tras la Sierra, donde se encuentra El Camocho de 1.826 mt. (mirando desde Zarza entre Las Casas y Segura), y al Norte con las estribaciones montañosas de Los Cotos y, más al Oeste, La Sierra de la Jara.

Históricamente, desde hace más de tres mil años se tienen noticias de que se encontraba habitada nuestra comarca por un pueblo celtíbero, "Los Vetones" (Vettones). Era una raza de pastores y bravos guerreros que decidieron quedarse para siempre en estas tierras, defendiéndose muy bien de otros pueblos invasores. De esta raza de hombres y mujeres morenos descendemos.

Estaban agrupados en familias con un antepasado común. Estos clanes familiares formaban la tribu. La que habitaba en nuestro valle tenía a Caparra por capital, era centro de reunión, de culto y centro comercial de trueque. Las distintas familias de la tribu estaban ubicadas en los Montes Tras la Sierra, más o menos donde hoy se encuentran Cabezabellosa, Las Casas, Segura, Gargantilla, Hervás y La Garganta, siendo estos los asentamientos vetones más importantes de aquellos tiempos. Además, hay que destacar una población denominada por los historiadores romanos Ambracia, situada muy próxima a la actual ubicación de Aldeanueva del Camino, que dio nombre al río, aunque, a partir de Puente de Caparra, nuestro río cambia de nombre. Apenas cultivaban el campo, se dedicaban casi exclusivamente a la explotación del ganado porcino, vacuno y caballar. Desde entonces nos viene nuestra afición por la ganadería.

En el año 193 antes de Cristo llegaron los romanos. Fueron mal recibidos por los habitantes de este valle que, acaudillados por Viriato, les tendieron numerosas emboscadas. En el siglo I, los romanos construyen una de las vías de comunicación más importantes de la península Ibérica: La Calzada que va desde Astorga, en León, hasta Sevilla. Atraviesa el valle, pasa por El Lindón y muy cerca de Las Vegas. Mucho antes era ya una ruta importante llamada camino de los Tartesios. Más tarde los árabes la denominan "Vía Lata", que quiere decir llana. En nuestros días se denomina "Ruta de la Plata", aunque al parecer nada tiene que ver con el preciado metal.

Los romanos enseñan a cultivar los cereales, la vid y el olivo; se construyen numerosas villas, que era la forma de organización de la agricultura y la ganadería de aquellos tiempos. Son muy importantes las villas existentes en Las Vegas, en ellas se desarrolla una agricultura muy próspera, pero cabe destacar también una villa rica y floreciente situada en Los Olivares que atendía el cultivo de lo que hoy llamamos Las Viñas, se cree que en Tejaritos estaban algunas dependencias.

Aparece un pequeño poblado en Las Gorrieteras, próximo al Charco de la Ermita, más adelante se llamó Villoria en alusión a las villas romanas, de aquí vinieron nuestros antepasados para situarse en lo que es hoy Zarza de Granadilla.

Cáparra era una floreciente ciudad dedicada al comercio. Según Nicolás de la Fuente, en el año 32 estuvo en Caparra predicando el evangelio el Apóstol Santiago el Mayor y, más tarde, en el 58, San Pablo.

Hacia el año 750, los árabes se establecieron pacíficamente en el Valle del Ambroz, promocionando la agricultura y más concretamente el regadío. Por esta época aparecen las primeras norias de sacar agua en Las Vegas y en Las Viñas. Se repuebla el valle con asentamientos árabes como el poblado de San Miguel cerca de La Casería. En El Gorronal aparece La Granja. La Abadía se llama entonces Sotofermoso mientras que Hervás estaba en la actual ubicación. Esta fue una época de gran prosperidad para los habitantes de esta tierra, donde convivían en armonía con árabes y judíos.

Después de 400 años de paz y bienestar en esta comarca, llegó en 1.170 desde Ciudad Rodrigo a través del Puerto de Perales, el Rey Fernando II de León, con el fanatismo religioso-político de la época, y perturba la paz que disfrutaban los pobladores de este valle. Elige el emplazamiento de Granada (Después Granadilla), para erigirla en plaza fuerte, y establece fortalezas en Sotofermoso (Abadía), Hervás y Segura, que luego entrega a los templarios.

Sotofermoso durante la Reconquista fue fortaleza de los templarios, transformándose alrededor del 1.200 en La Abadía de Santa María de Sotofermoso, perteneciente a la orden del Císter y, finalmente, en lujoso Palacio del Duque de Alba y de los Reyes de España. Fue durante los siglo XIII y XIV un centro cultural de gran importancia, y en los siglo XV y XVI de cultura y poder.

El Duque de Alba, dueño y señor de todas estas tierras, autorizó por el año de 1560 a los vecinos de Villoria, como consecuencia de una epidemia, para que se trasladasen al Sitio de Las Zarzas, aproximadamente donde está hoy la calle de D. José Rubio, desde siempre conocida por Calle de los Mesones. Les concedió para el cultivo Las Viñas, Los Arenales y la Sierra de la Jara. Los de Villoria ya disponían de Las Vegas, y tenían en arrendamiento Los Montes.

En aquellos tiempos de finales del siglo XVI, por La Cañada Real de Las Merinas, cuyo trazado coincide con la calle mal llamada de la Constitución, transitaban dos millones de cabezas de ovino procedentes de Salamanca, León, Zamora, Segovia, Soria y Burgos. Con estos rebaños venia un ejército de mayorales, pastores, zagales, rabadanes, con sus mastines y la intendencia en los asnos. Aquellos pastores castellanos tenían establecidas en sus rutas, de más de 800 km. en algunos casos, unas etapas de viaje diario. El final de una de estas coincidía con el llamado por los pastores en las hojas de ruta de la Asociación de La Mesta "EL SITIO DE LAS ZARZAS", un lugar de avituallamiento muy apropiado para trasnochar.

En el referido lugar, además de abundantes zarzales, existían numerosas cercas de piedra, que facilitaban a los pastores la guardería del ganado, y unos cuantos mesones atendidos por gentes de trato fácil, muy dispuestas al negocio de la compraventa, y sobre todo al trueque, cambiar algo por otra cosa era la mayor afición de nuestra gente.

El negocio de los mesones debió de ser un éxito, ya que veinte años más tarde, en 1595, otras familias procedentes del poblado de San Miguel se fueron instalando en el lugar, se construyó la Iglesia y se delimitó una amplia plaza que nuestros abuelos proyectaron como lugar de mercado.

Durante el Siglo XVII y XVIII se denomina "EL LUGAR DE LA ZARZAS", depende de la jurisdicción de Granadilla, nuestras familias se dedican preferentemente a la explotación de ovejas y cerdos. Los agricultores están marginados a cultivar Los Arenales, La Sierra de La Jara y poco más.

En 1761 habitaban el lugar de La Zarza unas 60 familias, el cuarenta por ciento de las cuales llevaban los apellidos Herrero, Muñoz, Blanco, Planchuelo, García y Palacín. Había solo una familia de cada uno de estos apellidos, Valencia, Rubio, Simón, Rodríguez, Hernández, Jiménez, Pastor, Picado, Sánchez y Domínguez.

A partir de la segunda mitad del siglo pasado EL LUGAR DE LAS ZARZAS se denomina Zarza de Granadilla.

Estas anotaciones históricas son como unas pinceladas en el cuadro de nuestra historia, son las raíces que nos deben ayudar a encontrar nuestra propia identidad.

La Zarza es el pueblo con mayores recursos agrarios de la comarca, dispone de una llanura de más de 5.000 has., tiene las mejores vegas del Rió Ambroz y en este momento las mayores posibilidades de expansión económica. Algunos errores del pasado, cuando nuestros abuelos se aferraron a las viejas ordenanzas de La Mesta para impedir el cultivo de las tierras del Soto o para que el ferrocarril no pasara por Zarza, limitaron quizá sin saberlo las posibilidades de un pueblo que debiera ser la capital de la comarca.

Texto: Pedro Cambero Muñoz.